Dr. Dilio Hernández
Economista e Internacionalista
Director General del CIAP

2022 finalizó con pocas variaciones de las estimaciones realizadas por CIAP para la economía venezolana al comienzo del año, calificado como “desaceleración en el foso”. Efectivamente el comportamiento de los principales indicadores prospectivos mantuvo sus saldos rojos o de débil recuperación del proceso de estancamiento de la economía característico de los últimos 9 años, agudizados por los efectos colaterales de la pandemia covid 19.

El PIB marcó una desaceleración de la caída al promediar un crecimiento en recesión entre el 5 y 7 % contra un 3 a 5 % estimado. La inflación acumulada cerrará entre 200 y 220 % contra un pronóstico de 200 y 250 %, complementada con una “inflación transaccional” en dólares entre 100 y 120 % en un mercado monetario dominado por esta divisa que representa cerca del 60 % del circulante y que prácticamente reemplazó al bolívar como patrón de cambio, convirtiéndose en un mecanismo monetario contra la hiperinflación de 4 dígitos que afectó la economía en los últimos años. La liquidez experimentó un salto importante de más de 375 % desde enero, especialmente en el último trimestre, al superar los 15 mil millones de bsD, un factor determinante en la escalada del dólar en el mercado cambiario.

El desempleo se mantuvo de acuerdo al pronóstico en alrededor del 50 % PEA y la informalidad el 75 %, estimulada, el primero por la emigración del más del 60 % de la PEA y la segunda, por el desplazamiento de los empleados públicos al sector para complementar sus bajos ingresos. El déficit fiscal, tal como se predijo, marcó su doceavo año consecutivo negativo, 8 %, ligeramente inferior al estimado del 10 %, por la contracción del gasto público y la pauperización de los salarios del sector público , cuyo monto mínimo no superó los 10 $ y con las bonificaciones podría llegar a 40 y 50 $, levemente superior al estimado de 35 y 40 $. La canasta alimenticia básica superó los 450 $, en comparación con los 300 $ calculados al comienzo del año como consecuencia del rebote inflacionario.

La BP mantuvo su ritmo de debilitamiento característico de los últimos 9 años, con una leve recuperación de la cuenta corriente , las exportaciones se elevaron, vía incremento de los precios del crudo a nivel mundial, favorecidos por la invasión Rusa a Ucrania, a pesar que la producción petrolera no superó los 700 mil barriles promedio diario, de los cuales el 75 % se exportó a un precio promedio de 50 $ que aportaron unos 3500 a 4000 millones de $ netos más 500 millones de $ de las exportaciones no tradicionales. Igualmente el incremento de las remesas aportó entre 3000 y 3500 millones de $ y la repatriación del ahorro externo entre 1000 y 1500 millones de $, las ventas de oro y minerales estratégicos pudieron aportar entre 500 y 1000 millones, para un total de unos 10500 millones de $, superior al promedio estimado al comienzo del año entre 9 y 10 mil millones de dólares.

Las Importaciones se vieron favorecidas por la política comercial de liberación de impuestos que estimuló el comercio importador y servicios de consumo final para cerrar por sobre los 7 mil millones $, inferiores a las estimadas al inicio del año de 10000 $. La tasa de cambio se vio favorecida por la política monetaria del BCV de intervenir semanalmente el mercado cambiario con inyección de entre 50 y 100 millones de $ dólares para contener su alza, con lo cual los pronósticos de la tasa estimada entre 12 y 15 BsD terminará entre 18 y 20 BsD.

LA ECONOMÍA EN 2023
2023 se vislumbra como un año de grandes interrogantes e incertidumbre para la economía mundial, regional y nacional, el impacto de la pandemia COVID 19 y sus variantes seguirá gravitando sobre la reactivación de las principales economías industrializadas, especialmente China, al igual que la invasión de Rusia a Ucrania cuyo fin no parece tan cercano y que afectará los mercados petrolero, gasífero y cerealero, proyectando una recuperación más lenta que la pronosticada en el 2022, excepto para los sectores vinculados a las telecomunicaciones y servicios de productos terminados, el crecimiento de estos países podrá alcanzar menos de un 5 % y los países en vías de desarrollo menos del 3 % .

El petróleo, nuestro principal producto en el mercado internacional, podrá alcanzar un promedio alrededor de 60 $ el marcador Texas de no presentarse cambios importantes en los escenarios políticos y ambientales. América latina y el Caribe podrán alcanzar un PIB promedio de entre 2 y 3 % con una inflación promedio de 10 %.


En el caso de Venezuela, 2023 pueda denominarse como un año de “ crecimiento desarticulado y desigual en recesión”, desarticulado porque continuará centrado en el sector terciario de la economía , muy débil en los sectores primario y secundario y desigual porque agudizará la brecha entre el 10 % de la población más rica que se beneficia del 90 % del ingreso de una economía fraccionada articulada al modelo político rentista que ha construido su propia “burguesía” vinculada al capital privado del comercio importador y de servicios de productos terminados , los capitales externos producto de la corrupción chavista y la aparcería petrolera que sustenta y reproduce al régimen. En contrapartida el 90 % de la población apenas pude subsistir con menos del 10 % del ingreso nacional de los cuales el 65 % vive en condiciones de pobreza de ingresos extrema.

En este contexto el comportamiento de los principales indicadores retrospectivos de la economía continuará dependiendo de: 1. Recuperación de la imagen internacional del país como actor político confiable tanto desde el punto de vista institucional-jurídico como económico, que le permita acceso al financiamiento internacional y eliminación de las sanciones comerciales. 2. Reactivación real de la industria petrolera, tanto en producción como comercialización y financiamiento y 3. Una política macroeconómica coherente y realista que termine de romper con el populismo rentista clientelar y permita reducir los desequilibrios económicos, regionales, sectoriales y las desigualdades sociales desarrollados en las dos primeras décadas del milenio.


El PIB mantendrá su frágil crecimiento en la pendiente recesiva por segundo año consecutivo con estimaciones entre 5 y 7 % , determinado por el comportamiento de los precios del petróleo en los niveles del 2022, con un débil crecimiento del sector privado en renglones claves como el agropecuario e industrial que continuaran afectados por la escasez de financiamiento, la crisis del transporte, baja demanda interna , altos costos de insumos importados, la dolarización de salarios y la competencia desigual con el sector importador oficialista . El sector público, especialmente el petrolero pudiera alcanzar el millón de barriles diarios de concretarse las operaciones de transnacionales como Chevron que pudieran elevar un 20 % de la producción, con lo cual el ingreso petrolero real podría alcanzar alrededor de los 12000 millones de dólares si los precios de los marcadores se mantienen sobre los 60 $, el sector no petrolero podría aportar entre 700 y 1000 millones adicionales.


La inflación acumulada anual seguirá dependiendo de tres componentes básicos: uno, disminución del financiamiento del BCV al gasto público, vía creación de dinero inorgánico incluido el financiamiento interno de PDVSA, meta difícil de alcanzar en año electoral y la baja capacidad de financiamiento público, interno y externo; dos, Reducción del gasto público y mantenimiento de salarios pauperizados en el sector público para contraer la demanda sin afectar el entorno electoral y tres ,el impacto de la desmonetización impulsada por la dolarización de facto , la restricción del crédito bancario por el alto encaje legal y la devaluación del bolívar como política fiscal. Si no hay variaciones importantes en estas variables, la inflación acumulada anual podría ubicarse entre 200 y 250 %, con una inflación en dólares entre 100 y 120 %. El déficit fiscal mostrará una tendencia a crecer presionado por las demandas salariales del sector público y el gasto social del año electoral para colocarlo sobre el 10 % del PIB.


El empleo seguirá debilitado, tanto en el sector público como privado, en el primer caso, como consecuencia de los bajos salarios públicos que han reducido la nómina estatal, la caída del gasto público y la inversión social y en el segundo por la baja inversión tanto interna como externa en los sectores claves, primario y secundario, como la agroindustria, la industria y la construcción. La tasa de desocupación se mantendrá alrededor del 50 % de la PEA, elevando el nivel de informalidad a más del 75 %. El mercado laboral seguirá afectado por la alta emigración de la población entre 15 y 50 años (60 % de la emigración) disminuyendo la oferta laboral en ambos sectores, presionados por el bajo poder adquisitivo del salario mínimo en un entorno de alta inflación. El Salario público podría alcanzar los 50 $ como meta electoral y 200 $ en el privado, ambos lejos del promedio de la región sudamericana, 300 $ al mes.


La Balanza de Pagos (BP) mostrará pocas variaciones en su tendencia negativa de los últimos años. La cuenta corriente, romperá su saldo negativo de los últimos 3 años. Las exportaciones petroleras favorecidas por los precios del crudo referencia de Venezuela podrá mantenerse en los niveles entre 50 y 60 $ de continuar el conflicto bélico ruso-ucraniano , el repunte de la producción aportará unos 200000 barriles diarios e ingresos adicionales anuales entre 3500 y 4500 millones de dólares, con lo cual las exportaciones petroleas podrían alcanzar unos 12500 millones de dólares y las no tradicionales entre 700 y 1000 millones. Las importaciones mantendrán su tendencia alcista del último semestre del 2022 y podrían alcanzar entre 7000 y 7500 millones de $, con lo cual la balanza comercial volvería a saldos positivos. La cuenta de servicios mantendrá su histórico saldo negativo con un promedio superior a los 10000 millones de dólares, agravado por el incumplimiento de los pagos del servicio de la deuda externa. La cuenta de transferencia se colocará entre 5000 y 5500 millones de dólares, principalmente por las remesas (entre 3500 y 4000 millones de $) y transferencia de ahorro externo (1500 millones de $).

Las reservas internacionales podrían alcanzar los 7000 millones de dólares si la producción petrolera se eleva entre 20 y 25 %. la Tasa de cambio mostrará una tendencia alcista, pese a la intervención del BCV en el mercado de divisas para contenerla , la política monetaria restrictiva del crédito bancario se mantiene y la liquidez monetaria sigue manejándose como política fiscal para financiar el gasto público, al final de año se estima cerrar sobre los 50 BsD por dólar.


Los indicadores prospectivos (rendimientos de bonos, bolsa, tasa de interés, ventas al menor, precios de la vivienda y mercado inmobiliario, entre otros) seguirán dependiendo de la evolución de los principales indicadores macroeconómicos, afectados por las expectativas políticas que no vislumbra grandes cambios para una salida real y creíble de la crisis de gobernabilidad, la percepción negativa de los actores internacionales, gobiernos ,organismos internacionales e inversionistas, sobre la credibilidad de las instituciones, estabilidad política , seguridad jurídica de la inversión. En el 2023 el mercado bursátil continuará creciendo tímidamente como alternativa de financiamiento ante la crisis económica a pesar del ingreso del sector público al mercado como oferente accionario.

El sector industrial y agroindustrial continuarán dominando la participación con más del 50 % del mismo, las Pymes tendrán un espacio de financiamiento alternativo ante las restricción del crédito bancario incrementando su participación en el sector que beneficiará su crecimiento en el año. El sector inmobiliario mantendrá su débil crecimiento por la contracción de la construcción cuya reactivación en el corto plazo está muy lejana.